Hace unos días hablamos sobre el trabajo de Freud, tomando como punto de partida la Teoría del Inconsciente, que postula una actividad mental más allá de lo racional y que escapa a nuestro control consciente.
La obra en la que Freud dio a conocer esta teoría se tituló La Interpretación de los Sueños, publicada por primera vez en Viena en 1900. En ella, el autor propone que la actividad mental irracional está alimentada tanto por voluntades primitivas, también llamadas pulsiones, como por vivencias (ya sean positivas como negativas, llamadas traumas), alojadas en ese nivel profundo o subcapa de nuestra mente, y que entre esta última y el nivel consciente existiría otra denominada preconsciente (también llamado subconsciente). Esta idea está estrechamente ligada al concepto de represión, también propuesto por él.

Los traumas son experiencias negativas tan dolorosas que nuestra actividad mental racional no las puede soportar. Por este motivo son alojadas o guardadas en un lugar remoto o apartado, desde el cual pueden sin embargo resurgir en momentos determinados. Estas manifestaciones o afloramientos se expresan principalmente a través de tres fenómenos de la conducta: los lapsus, los actos fallidos y por último, los sueños.
Para trabajar clínicamente con esta problemática, Freud desarrollo el método del Psicoanálisis, con el que revolucionó la terapéutica de la psiquiatría y psicología. Del mismo modo, también propuso una teoría de análisis e interpretación de los sueños como manifestación de emociones y recuerdos almacenados en el inconsciente.
Según él, los sueños serían una forma de realizar deseos reprimidos, “materializando” aquello que no podemos conseguir en nuestra vida consciente, algunos de ellos expresados con tal nivel de ansiedad que pueden transformarse en pesadillas.
La compleja estructura de análisis de los sueños que Freud propuso, no toma a cada sueño como una unidad, sino que disecciona o fragmenta un determinado sueño en sus partes o elementos, de tal manera que hasta los sueños o pesadillas más incoherentes pueden ser usados de manera inteligible para comprender represiones distintas, mediante el “desciframiento” de cada uno de sus componentes.
De este modo, un sueño en el que, por ejemplo, “vemos” primero unas arañas que nos persiguen, para terminar sufriendo después una caída o una herida, podría ser descompuesto en “arañas/ persecución/ caída”, poseyendo cada una de estas partes (o imágenes) un valor simbólico distinto y diferenciable. Entender el significado de cada uno de estos símbolos para cada caso (o paciente) en particular es tarea del psicoanalista.
Los sueños, además, no son solamente un simple fenómeno físico o neurológico, sino un complejo dispositivo psicosomático que conecta la mente con el cuerpo, interactuando con este, y que a su vez tendrá un reflejo, positivo o negativo, en la actividad consciente o intelectual.

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